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lunes, 6 de junio de 2011

Porqué sufre una mujer

Decimos que los hombres nos hacen daño, pero quién formó a esos hombres sino nosotras las mujeres, las madres, abuelas, profesoras? Y qué esperamos de un hombre, qué respeto podemos pedirle si nosotras mismas no nos respetamos? Si con nuestros actos les damos a entender que pueden tratarnos como quieran porque con tal de tener su aceptación nos conformamos con lo que ellos estén dispuestos a darnos, incluso cuando nos hace daño. Si nos metemos con hombres casados o que tienen novias, si nos golpean y seguimos en esa relación, si nos hacemos dependientes de su dinero y permitimos que nos digan cómo debemos vivir, qué respeto les podemos exigir?

La sociedad actual es corrupta porque la mujer, que es quien educa al ser humano, se corrompe a sí misma. La corrupción significa vender nuestra integridad por un beneficio temporal. Y nosotras nos vendemos porque creemos que nuestra seguridad y felicidad la vamos a encontrar en un hombre en lugar de darnos cuenta de que todo eso está en nosotras mismas. Mientras busquemos apreciación y aprobación viviremos como mendigas y seguiremos aceptando cualquier relación aunque ésta sea destructiva.

Ningun hombre nos hace daño, nos lo hacemos nosotras mismas. Los hombres no son malos, somos nosotras las que atraemos esas relaciones que muchas veces no son sanas, porque necesitamos aprender de esas situaciones. Y mientras no aprendamos la lección las seguiremos atrayendo. Para terminar con ese patrón las mujeres necesitamos entender nuestros miedos, ira, resentimientos. Solamente así logramos dejar de actuar por la emoción y pasamos a actuar desde la intuición. Porque en el fondo nosotras sabemos cuando una relación va a ser destructiva pero no hacemos caso a la intuición porque andamos mendigando cariño.

Tenemos que pasar de ser “víctimas” a ser “responsables” y eso requiere que estemos conscientes de que lo que nos hace infelices no es un hombre sino nuestra inseguridad. Cuando estemos concientes de que somos seres increíblemente poderosas, de todas nuestras capacidades y nuestra fuerza, cuando nos aceptemos como somos y dejemos de disfrazarnos para que un hombre nos quiera, entonces podremos actuar diferente y dejaremos de lastimarnos. Y cuando nos unamos y dejemos de excluir y de competir con otras mujeres, entonces podremos lograr cambios significativos no sólo en nuestra vida sino también en la sociedad.

domingo, 22 de mayo de 2011

No se trata de ser rebeldes. Se trata de ser concientes.

Nuestra mente está entrenada para sufrir.

Desde niños estamos expuestos a todo tipo de mensajes que se generan por todo lo que vemos, olemos, oímos, sentimos, probamos. Muchos de esos mensajes se guardan en nuestra mente e incluso en nuestro subconciente y así, sin que nos demos cuenta, se va formando nuestro carácter, nuestra personalidad y la forma en que vemos el mundo.

Crecemos con la idea de que tenemos que ir a la escuela, colegio, universidad, estudiar las distintas ciencias, casarnos, tener hijos, trabajar. Y vivimos con respecto a esas ideas, casi de forma automática, como si estuviéramos entrenados para eso. Pocas veces nos preguntamos… por qué?

Y no se trata de decir “ahora mis hijos no irán a la escuela” o “no voy a casarme ni a tener hijos porque eso es lo que dice la sociedad que tengo que hacer”. No se trata de ser rebeldes. Se trata de ser concientes.

Si alguien nos miente actuamos automáticamente, de acuerdo a cómo nuestra mente está entrenada. Nos mintieron, nos sentimos mal, dejamos de hablar con esa persona, nos resentimos, ahora desconfiamos de todos. Sufrimos.

Eso es reaccionar.

Cuando no nos cuestionamos nos limitamos. No tenemos más opción que reaccionar de la forma en que nuestra mente está entrenada para reaccionar.

En algún punto le dijimos a la mente “esto se debe hacer y esto no” porque aprendimos que hay ciertas cosas que están bien y otras que están mal. Pero bien o mal, para quién? Por qué?

Se supone que está mal (para muchos, no para todos obviamente) tener sexo con alguien que no es tu novio, novia, esposo o esposa. Pero, por qué está mal? En qué les afecta a los demás que yo tenga sexo con alguien sin que tengamos una relación “amorosa”? Y aunque digamos que no nos parece mal, muchas veces tendemos a juzgar a las personas que sí lo hacen. Peor aún cuando lo hacemos nosotros, es casi como habernos traicionado porque nuestra mente dice “eso está mal, eso no se debe hacer y yo lo hice!”. Entonces vienen la culpa, el remordimiento, el sufrimiento.


Pero si vamos más allá de simplemente pensar en lo que está bien y lo que está mal, si dejamos de culparnos y castigarnos para más bien cuestionarnos porqué hacemos una u otra cosa, nos va a ser más fácil entendernos, aceptarnos. Cuando te entiendes dejas de sufrir porque aceptas que elegiste vivir esa situación para aprender algo y entonces puedes decidir no volver a pasar por algo similar.